¿Todos somos hiperconsumidores?

Hace algunos días coincidí en un centro comercial con un antiguo ex alumno quién durante la conversación me confió que había terminado con su novia, con la que llevaba cinco años y se lamentaba amargamente de su problema: no sabía qué hacer con su tiempo.

El fin de la relación lo traía desconcertado, pero no sólo por el sentimiento. La rutina y la actividad diaria con su compañera de cinco años se modificó drásticamente. La pregunta que más le brotaba en su cabeza era: ¿y hoy qué voy hacer en la tarde?

Estudiosos de la naturaleza humana, han analizado profundamente la forma en que las personas disponen de su tiempo. Sus conclusiones afirman que tanto problemas emocionales como historias de éxito, son consecuencia de cómo administra y consume su tiempo cada persona.

Todos somos hiperconsumidores de ese intangible que hemos definido como tiempo. Lo somos, porque mientras tenemos vida, consumimos todo el tiempo que existe… cada día de nuestra vida consumimos 24 horas.

La estructura del tiempo se da en tres dimensiones: 1) Material: representada por la actividad predominante de la vida (trabajo, estudios); 2) la social-familiar:

reflejada por el círculo en que nos desenvolvemos y 3) la individual, que se relaciona con la vida íntima y la introspección (tiempo para si mismo).

Para el caso de la dimensión material podemos identificar dos extremos: al “Homo Faber” que vive para trabajar y en contraposición, el “Homo Ludens” cuya actividad predominante es divertirse. El equilibrio entre estas dos posiciones es lo que se conoce como “Flow”, entendido como el estado óptimo de actividad del ser humano.

Rituales, pasatiempos, juegos, intimidad y actividad, todos son medios de consumo de tiempo y eso lo conocen muy bien las marcas que dirigen sus estrategias de mercadotecnia para lograr que las personas consuman sus productos y servicios, dentro de cualquiera de las tres dimensiones en las que sus clientes han estructurado su tiempo.

Así es como encontramos marcas que inciden en las actividades predominantes de sus clientes, mientras que otras estarán presente en el medio social – familiar y finalmente, algunas marcas estarán presente en el tiempo que cada persona dedica a si misma.

La esencia del ser humano parece definirse con preguntas como: ¿qué sigue?, ¿qué hacemos?, ¿a dónde vamos?; o ¿qué van a hacer en vacaciones?, ¿qué hicieron ayer?, ¿qué hacemos hoy?. Un buen mercadólogo sabrá influir en las respuestas para lograr comercializar productos bajo las variables de gusto, uso del tiempo y grado de entretenimiento que experimentan sus clientes al realizar y consumir un producto. Un producto que guste (en el sentido amplio) y/o que sea divertido, es más fácil que se recuerde y se prefiera en el futuro. Parafraseando al poeta Renato Leduc, pienso que los mercadólogos deben desarrollar la “sabia virtud de conocer el tiempo de sus clientes”.

El valor de una marca ciudad, se genera a partir de sus habitantes

En anteriores participaciones dentro de este espacio, hemos tratado el tema de la marca, desde el punto de vista de cómo las empresas la aplican a los productos y a los servicios que comercializan. También tratamos el tema de la marca personal y su correcto posicionamiento.

En esta ocasión quisiera hablar sobre lo que se conoce como la marca ciudad, entendido este concepto como el nombre propio de una ciudad. Esta marca se asocia a una serie de atributos singulares y exclusivos, gracias a los cuales se puede identificar, reconocer y diferenciar dicha ciudad de otras.

Una marca ciudad no se construye modificando el escudo de armas de la ciudad hasta convertirlo en un isotipo o escribir el nombre en un intento por construir un logotipo. Tampoco se logra pintando con colores partidistas el Parque de la Revolución.

A través de la mercadotecnia se ha venido introduciendo el concepto de mercado, cuando las personas se refieren a las ciudades, esto quiere decir, reconocer a los ciudadanos y a los visitantes de las ciudades como clientes, lo que representa un cambio en la forma de pensar y de considerar cómo deben ser tratados.

La imagen de una ciudad se construye día a día con base en lo que las personas que ahí viven o la visitan piensan respecto a ella, en las percepciones, actitudes, sensaciones y estímulos que la ciudad les provoca.

Una ciudad es la casa de todas las personas que habitan en ella, orgullosas de sentirse parte de una comunidad solidaria que contribuye a su desarrollo a través del trabajo y esfuerzo diario.

Guadalajara es nuestro hogar común; con una población heterogénea, con tradiciones propias, costumbres, cualidades, circunstancias, defectos y valores que modifican los estilos de vida, hábitos de consumo y conductas de compra.

Durante muchos años nuestra propuesta de valor como marca ciudad fue la de ser la “Perla de Occidente” y posteriormente como la “Ciudad de las Rosas”, que logramos gracias a la participación de todos en el cuidado que se tenía para conservar limpios nuestros espacios públicos, el mobiliario urbano y los edificios.

Era esa ciudad a la que Pepe Guízar y Paco Padilla le compusieron hermosas canciones, que agregaron gran valor a nuestra marca ciudad y que al día de hoy, al cantarlas lo hacemos añorando a esa ciudad que ya no es.

Ahora, nuestra marca ciudad se encuentra erosionada y está perdiendo valor, como consecuencia de lo que todos los que vivimos en esta ciudad hemos hecho o dejado de hacer; sin embargo, no todo se ha perdido.

En la medida en la que cada uno de nosotros, en nuestra propia casa, cuidemos el agua, no pongamos la basura fuera de lugar, mantengamos limpias nuestras banquetas, conservando el mobiliario urbano y los edificios públicos, estaremos construyendo una propuesta de valor para nuestra marca ciudad, de la que todos los tapatíos nos sentiremos orgullosos.

Lo que pasa en FB, ¿se queda en FB?

Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas y lo que pasa en Facebook se queda en … Google!!!!!

Es importante recordar que cuando abrimos una cuenta en alguna de las redes sociales, en el contrato que firmamos y que no leemos, al pulsar la tecla “enter”, estamos en realidad cediendo la propiedad de todo el material que publiquemos.

Casi todos hemos utilizado o usamos de manera frecuente algún servicio en internet, como por ejemplo, servicio de mapas, mensajería instantánea, email o redes sociales.

Llama mi atención cuando escucho a una persona que se refiere a estos servicios como “gratuitos”, cuando en realidad no lo son. Por lo general un usuario de internet utiliza al menos 3 servicios, siendo el email el primero de ellos, ya que lo necesita para poder abrir perfiles en otros lados.

Si tuviéramos que pagar con dinero por cada servicio que hoy utilizamos de forma gratuita, tendríamos que elegir cual realmente necesitamos, ya que algunos serían impagables.

A empresas como Facebook o Google no les pagamos con dinero por usar sus servicios de redes sociales, correos o aplicaciones, ya que a ellas les pagamos con nuestra identidad, desde lo básico como nuestro nombre, edad, ubicación, hasta nuestras preferencias sexuales, actividades diarias, hábitos de consumo, conductas de compra y marcas preferidas.

Cada ocasión en la que hacemos una búsqueda en Google, subimos una foto a Facebook, vemos un video en Youtube o escribimos un mail en Gmail, estas compañías guardan toda la información para armar un perfil completo de nosotros.

Les comparto una experiencia personal: para la Navidad pasada estuve buscando en Google opciones para comprar armazones de lentes y hoy a la fecha, tres meses después, me siguen apareciendo en Facebook mensajes comerciales de diferentes marcas de armazones.

También he recibido en Facebook ofertas de playeras haciendo alusión a lo magníficos que somos quienes, que al igual que yo, nacimos en el mismo año y estudiamos en la misma universidad. ¿De dónde obtuvieron esta información?, la respuesta es simple: de la información que aparece en mi perfil y de mis búsquedas en Google.

Es importante indicar que ni Facebook ni Google venden nuestra información, pero si hacen un gran negocio con ella. Estas empresas viven de la publicidad y gracias a todo lo que saben de nosotros logran entregar a los anunciantes un perfil detallado para segmentar de manera muy efectiva, mucho mejor que en cualquier otro medio.

Gracias a toda la información que guardan de sus usuarios, pueden segmentar campañas con un grado de detalle que parece de ciencia ficción. Por ejemplo, hoy en Facebook se puede lanzar una campaña así:

Hombre de entre 35 y 40 años

Casado y con dos hijos

Con estudios universitarios

Vive en la Colonia X de Zapopan

Trabaja en la empresa XY

Tiene un puesto de director

Va diario al gimnasio por las mañanas.

Viajó recientemente a Los Ángeles

Utiliza un iPhone 6s Plus

Le gusta escuchar música clásica y ver películas de x actriz

Les gusta la comida francesa e italiana

Su cumpleaños es en unos días

Cuando una campaña tiene una buena segmentación, la efectividad de la misma es notable, de ahí que requieran ellos que nuestra información esté actualizada siempre.

Tanto Facebook como Google, tienen claro lo que requieren de nosotros para que les demos lo que necesitan, de ahí que cada día agregan nuevos servicios, como por ejemplo Waze y otras aplicaciones de mapas, para que les demos lo que necesitan.

El fresco aroma de las marcas

Laura Esquivel, en su magna obra “Como agua para chocolate”, escribió: “Los olores tienen la característica de reproducir tiempos pasados junto con sonidos y olores nunca igualados en el presente”.

Por la fuerza con la que las esencias influyen en nosotros, tenemos la capacidad de evocar diferentes estados de ánimo, percepciones y emociones a partir de los aromas que recibimos a través de nuestro sentido del olfato. Esto se debe a una conexión directa que existe con la sede emocional y el centro de memoria en el cerebro.

Los mercadólogos conocen este fenómeno; es por ello que algunas empresas comerciales han desarrollado un aroma de marca (brand scent). Con tecnología especial, dispersan ese aroma en sus áreas de venta para crear diferentes experiencias olfativas entre los visitantes. Tiendas, restaurantes, casinos, hoteles, centros comerciales, salones de eventos, casas funerarias, casas de muestra, gimnasios y oficinas lo están haciendo actualmente de manera regular.

Tenemos por ejemplo el caso de una cadena local de farmacias que utiliza el aroma a pan recién horneado para crear experiencias olfativas diferentes a las que tradicionalmente se pueden tener en una farmacia. También tenemos el caso de una cadena de tiendas de ropa de moda, en donde los vendedores cada tres horas rocían con perfume la ropa exhibida con una fragancia fabricada en exclusiva para esa marca.

Cuando visite alguna tienda departamental ponga atención y podrá percibir las esencias que utilizan las marcas para atraer a las personas hacia áreas específicas de la tienda. La intención es que Usted memorice, gracias a esos aromas, la noción de la marca y el producto, porque a través de los aromas se logran crear asociaciones y memorias positivas que pueden ayudar a crear un lazo más fuerte entre la marca y el cliente.

En la práctica se utilizan aromas de forma abierta, como el caso del pan recién horneado para lograr un propósito, o de forma encubierta, como por ejemplo, aquellos que se utilizan para generar feromonas y así cambiar comportamientos que sean benéficos para la marca sin que sean percibidos por el consumidor.

Existen implicaciones éticas respecto al uso encubierto de los aromas para influenciar comportamientos, al estar manipulando a la persona a través de su propia bioquímica.

Actualmente, el Aromarketing es toda una industria en donde una empresa tapatía, pionera y líder se dedica a fabricar y proveer aromas para diferentes marcas nacionales e internacionales.

Para concluir, con seguridad en alguna ocasión habrán escuchado que “el perfume más caro del mundo es el aroma de un automóvil nuevo”. Lo dicho es correcto, dado que al vivir la experiencia de estrenar un automóvil, el cerebro lo relacionará directamente con dicho aroma y lo recordará al paso del tiempo.

Productos milagro, ¿sin efectos secundarios?

Estoy seguro que en más de alguna ocasión, hemos aconsejado a nuestras amistades o familiares que no se automediquen, aunque por otro lado, les hemos recomendado algún producto o tratamiento, con la confianza de que si “a mí me funcionó, también a ti te funcionará”.

No me extraña lo anterior, porque esto es parte del código cultural que tenemos los tapatíos y eso lo saben las empresas que producen y comercializan los productos conocidos como “milagro”, que han logrado establecerse dentro de nuestros hábitos de consumo. Esas empresas saben que nosotros buscamos en estos “suplementos alimenticios”, solucionar nuestros problemas de salud en muy poco tiempo y, si fuera posible de forma inmediata sin la indispensable supervisión médica.

Cuando recomendamos alguno de estos productos “milagro”, nos estamos convirtiendo en vendedores sin sueldo de este tipo de empresas y en algunos casos, cómplices cuando el producto daña la salud de la persona a quien se lo recomendamos. Nuestro principal argumento es que “el producto es natural y a mí me funcionó de maravilla”. Espero que a ti no te haya sucedido esto.

Si recuerdas amigo lector, en Guadalajara hemos tenido casos muy graves con este tipo de productos, como por ejemplo cuando veíamos en la televisión anuncios en los que nos prometían que la “uña de gato” curaba el cáncer de próstata y llegamos incluso a conocer a personas que teniendo ese padecimiento, suspendieron el tratamiento médico buscando el milagro que les ofrecían en la televisión.

También recuerdo los casos que tuvimos los tapatíos, del bálsamo y de las pastillas que curaban el dolor, sin advertir a los consumidores que los productos tenían cortisona reprocesada, lo que provocaba en ellos alivio del dolor, pero creaba dependencia a la sustancia, así como otros graves daños en su salud.

Los productos “milagro” los podemos encontrar en el comercio formal o informal, en diferentes presentaciones, tales como pastillas, soluciones, geles, cremas, parches, inyecciones, jabones y bebidas. Tal vez tú recuerdes alguna otra presentación.

Podemos imaginarnos el tipo de laboratorios en los que se producen algunos de estos “productos milagro”, con instalaciones que no cumplen con los requisitos indispensables para su producción, con un alto riesgo de que los ingredientes se puedan contaminar.

Estoy seguro que también has tenido oportunidad de ver esos largos anuncios comerciales disfrazados de programas de 30 minutos, en los que nos presentan equipos para ejercitar diversas partes de nuestro cuerpo, sin grandes esfuerzos y con resultados sorprendentes. De igual forma, nos presentan accesorios como anillos o pulseras con propiedades biomagnéticas, fajas para reducir tallas de forma inmediata o calzado para reducir nuestro peso simplemente caminando.

Seguramente ahora estarás recordando algunos anuncios de los fabricantes de “productos milagro” aquellos “sin efectos secundarios” porque son “totalmente naturales”.

¿Cuál es el que te viene a la mente?, ¿aquél en el que supuestos profesionales de la salud nos recomiendan un producto con una serie de cualidades terapéuticas o preventivas?, ¿o aquél en el que un grupo de personas nos aseguran haberlo probado consiguiendo resultados fabulosos en muy poco tiempo?. Cómo podrás darte cuenta, todos nos prometen lo mismo.

De mi padre que era médico aprendí que la enfermedad como concepto no existe. Lo que existe son enfermos y por ello es muy importante que no nos automediquemos y mucho menos que recomendemos productos o tratamientos. Siempre será necesario que consultemos con un médico para recibir el diagnóstico y tratamiento adecuado.

Compras indulgentes, gustos culposos

Es un pequeño lujo, pero creo que lo valgo…

Estoy seguro de que en más de alguna ocasión habrán escuchado este slogan; también creo que puedo asegurar que algunas personas lo han vivido y no precisamente por usar la marca que este slogan promueve.

La cultura de consumo que tenemos los tapatíos se ve reflejada en nuestra preferencia por consumir y disfrutar en el aquí y el ahora, en lugar de crear y mantener planes a largo plazo. La elección es endeudarse, en lugar de bajar gastos y ahorrar para el futuro.

Los mismos factores que originan la inestabilidad económica en los hogares, pueden ofrecer oportunidades para aquellas empresas que ya aprendieron a trabajar de cara al mercado, como por ejemplo, las gastronómicas y las de productos de cuidado personal, ya que los consumidores tapatíos practicamos lo que en mercadotecnia se conoce como “compras indulgentes”, que funcionan como un alivio frente a las dificultades y problemas económicos.

Todos somos testigos de la gran cantidad de alternativas gastronómicas que han surgido en nuestra ciudad para todo tipo de segmentos de mercado.

¿Qué explica este comportamiento? La vida urbana actual es exigente e involucra grandes tiempos de traslado entre la casa y el trabajo. Esto impide que los tapatíos contemos con tiempo para cocinar y comer en nuestros hogares.

Es por estos factores que un gran segmento de la población come fuera de sus casas y, para estos tiempos difíciles, la comida rápida es la opción más económica y de mayor aporte calórico.

Esto normalmente se relaciona con el consumo de antojitos, comida chatarra, carbohidratos, chocolates y alcohol que son gustos culposos para quienes los consumen.

¿En alguna ocasión hemos reflexionado sobre el motivo por el que las autoridades fiscales incrementan impuestos al consumo de productos de alto contenido calórico?, la respuesta es simple: Ellos entienden muy bien que ante una crisis económica, necesariamente aumentará el consumo de este tipo de productos.

Los productos para el cuidado personal, en especial los cosméticos, pueden ser fácilmente entendidos como bienes no necesarios, ya que si bien su uso es diario, las personas pueden vivir sin ellos.

Sin embargo, en nuestra ciudad estamos viviendo un gran boom de establecimientos especializados en productos de belleza que están disponibles en todos los rangos de precios y canales de distribución, lo que los convierte en productos accesibles.

La compra de maquillaje como una indulgencia explica este desempeño. Durante las crisis económicas, las personas se quieren sentir bien consigo mismas y los cosméticos están entre los productos que logran este efecto en los consumidores.

Es un pequeño lujo, pero creo que lo valgo y lo merezco, más que un slogan es una filosofía de vida que aplica principalmente en economías deprimidas como la nuestra, porque las compras indulgentes son una forma de interrumpir, por momentos, la crisis económica personal en la que se vive.

¿Es desmarketing o marketing inverso la estrategia que utilizan las tabacaleras?

Séneca, filósofo romano que vivió en los primeros años del siglo I de nuestra era, afirmaba con sabiduría que “Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo los odian”.

Este pensamiento ha sido capitalizado en la industria tabacalera por sus mercadologos, al implementar estrategias de desmarketing que les han sido impuestas por el estado, a sabiendas que no producen el efecto de evitar el consumo entre su público objetivo.

A través de estrategias de desmarketing las empresas buscan desincentivar el consumo de sus productos, utilizando herramientas de marketing, tal y como lo hacen las organizaciones que proveen servicios de agua potable y energía eléctrica y de forma más agresiva, algunos bancos y empresas que discriminan y segregan a quienes no son su target.

Si las estrategias de desmarketing son efectivas, ¿Por qué entonces no funcionan los pictogramas que aparecen en las cajetillas de cigarro, así como las regulaciones que existen para su consumo?. La respuesta podría ser la siguiente: Las marcas de cigarros venden “el placer de fumar” como promesa básica y el mercado lo que en realidad compra es una adicción a la nicotina, que es más poderosa que la del alcohol, porque se adquiere con mayor facilidad entre menor es la edad del consumidor.

En un estudio reciente sobre el tabaquismo en México, https://www.mercawise.com/estudios-de-mercado/estudio-de-mercado-sobre-tabaquismo se encontraron los siguientes resultados: el 91% de los entrevistados afirman que los pictogramas en las cajetillas no tienen efectos entre los fumadores y esto se entiende, si consideramos que el 78% de ellos iniciaron a fumar antes de los 16 años. Los insights que se identificaron en este estudio son: Por imitación, para pertenecer a algún grupo social, por que les gustó el sabor y para sentirse más grandes.

Ante esta realidad, es posible que los fumadores puedan reducir su consumo, pero difícilmente lo abandonarán, porque según Séneca, “aman su vicio”. La reacción de los jóvenes ante los pictogramas en las cajetillas será de “a mí eso no me sucede ni sucederá”, así lo piensan y así lo dicen porque su neocortex no ha madurado lo suficiente para poder ver las consecuencias de sus actos y decisiones.

Si en realidad al sector salud del gobierno le interesa que los jóvenes reduzcan o eliminen el habito de fumar, entonces deberán de tener estrategias de desmarketing creativas, con mensajes dirigidos al cerebro reptílico y límbico de su target, para lograr desincentivar el consumo de tabaco. No olvidar que las personas aprendieron a fumar a escondidas para retar a la autoridad en la familia y eso es lo que actualmente hacen ante las campañas de la autoridad gubernamental, Por lo anterior, lo actualmente están haciendo las empresas tabacaleras son estrategias de marketing inverso, con la complacencia de las autoridades del sector salud.

Proveedores y clientes internos en la empresa

Hacer empresa es un proceso exclusivo de los humanos que requiere de una acción concertada y la conciencia que limita y define la duración y la intensidad, así como la adaptación y la creación de respuestas ante un objetivo determinado. En la empresa se genera riqueza, en un negocio sólo se gana dinero.

La empresa define la acción humana a través del tiempo y es la responsable de la historia de la sociedad contemporánea; este sentido fundamental de la empresa le da su valor siempre actual, bajo el signo del mejor aprovechamiento de los recursos en las circunstancias de un mercado global, interconectado e instantáneo.

Las empresas son parte fundamental de nuestras vidas. En ellas gastamos una alta proporción de todo nuestro tiempo, lo que justifica que algunas personas definen a la empresa como “mi casa de trabajo”. Por lo anterior, es muy importante conocer el comportamiento y desempeño de cada una de las personas que integran la institución.

Las organizaciones nos educan, remuneran, proveen oportunidades de desarrollo, protegen nuestra salud y ofrecen productos y servicios para nuestro bienestar. Participar en una empresa, conlleva la aceptación de un trabajo intencional y dirigido.

Uno de los aspectos más importantes de la vida organizacional es el desempeño de personas comprometidas con el logro de las políticas, objetivos y metas de la empresa. Sin los individuos trabajando conjuntamente, las organizaciones no podrían realizar sus estrategias, ni alcanzar sus planes y programas.

Con un enfoque mercadológico, cada empresa sin importar su tamaño o actividad, se puede considerar como un mercado conformado por un grupo heterogéneo de empleados, en donde constantemente ocurren intercambios entre proveedores y clientes internos, integrados en una red de procesos.

El cliente interno recibe el producto del trabajo de un proveedor interno, como parte de un proceso desarrollado en la misma organización. Así por ejemplo, la persona que desempeña en la empresa la función de finanzas, es proveedor de la de la gerencia general en la empresa, quien recibe el producto de su trabajo y a la vez es cliente de quien le hace llegar el resultado del suyo, en este caso podría ser contabilidad.

El mercado de mascotas caninas está ladrando

“Cuándo los hechos cambian, cambio de opinión”, afirmaba el economista John Maynard Keynes considerado como el padre de la macroeconomía moderna, al referirse a la dinámica de los mercados, qué al ser entes vivos están sujetos a momentos biológicos que definen su grado de madurez.

Bajo esta premisa analicemos en esta ocasión las tendencias del mercado de mascotas caninas en está “ladrando” de forma positiva, al mostrar un crecimiento importante en los últimos cinco años. De una producción de 684 mil toneladas de alimentos en el año de 2010 pasaron a 920 mil toneladas en el año 2015, esperando un crecimiento del 8% para este año 2016.

Por otra parte también estamos siendo testigos del esfuerzo de organismos por promover leyes y refugios que protejan a los animales, especialmente a los perros. Asimismo están también las organizaciones que privilegian la adopción de animales de compañía y promueven actividades masivas de convivencia entre las mascotas y sus dueños.

En la zona metropolitana de Guadalajara, cerca del 32% de los hogares tienen la menos una mascota canina y distintas fuentes de información coinciden en que existen actualmente en México alrededor de 30 millones de perros, de los cuales 10 millones son callejeros.

Los 20 millones de perros domésticos representan un valor de mercado cercano a los 2,200 millones de dólares anuales, por la venta de mascotas, alimentos, servicios veterinarios y accesorios.

Lo anterior ha generado la oportunidad para las marcas de elaborar una mayor diversidad de productos, desde una nutrición variada con alimentos secos, semi húmedos y húmedos acordes a la talla y al peso, así como a su actividad y condición de salud, pasando a los juguetes, las camas, las golosinas, los suéteres, collares, etcétera, permitiendo una gran variedad de productos, cada vez más especializados, para atender todas las necesidades de las mascotas.

A lo largo de estos últimos años, el estilo de vida de los tapatíos ha cambiado radicalmente en lo que respecta a su relación con las mascotas caninas, a medida que la población ha venido tomando conciencia de la importancia del bienestar animal, derivado de diferentes factores.

En los últimos 15 años, el número de nacimientos de bebés disminuyó 17%, mientras que el de perros aumentó un 20%, según datos del INEGI y de Euromonitor.

Se considera que algunas de las causas de este aumento son, en primer lugar, que los hogares de parejas sin hijos, según el Consejo Nacional de Población, aumentaron de 7.7 a 8.6% entre 2010 y 2015. Muchas de estas parejas deciden tener una mascota en lugar de hijos.

En segundo lugar, los matrimonios jóvenes postergan tener hijos para después de los 30 años y, cada vez más padres, sufren el síndrome del nido vacío. Este cambio social ha traído un concepto: los ‘perrhijos’.

En un tercer lugar, están los cambios demográficos y sociales que están provocando que en los hogares unipersonales, tengan mascotas a las cuales cuidan como si fueran su familia. Y en un cuarto lugar, tenemos que se ha demostrado que convivir con una mascota canina ayuda a las personas a reducir el nivel de estrés y la presión arterial, a potenciar la autoestima, la habilidad social de los dueños, y a mejorar la comunicación y la afectividad dentro del hogar.

Los números son sólidos, las necesidades de los clientes dueños de animales de compañía seguirán incrementando y diversificándose con el paso de los años y las tendencias y estudios globales lo ratifican. Las oportunidades de inversión para las marcas son claras. Al escuchar al mercado de mascotas en México, que está ladrando fuerte y claro, nos muestran que los hechos y las opiniones están cambiando.

Generar valor para el cliente

Cuando se habla de generar valor es importante definir quien sería el beneficiario de dicho valor, ya que se puede generar para la empresa, los accionistas, los proveedores y los clientes.

En mercadotecnia se afirma que percepción es realidad, ya que cuando un cliente adquiere un producto, se sabe que lo que está comprando en realidad es lo que percibe de dicho producto, de su marca y de la empresa.

A partir de la premisa anterior, surge entonces la pregunta: ¿Qué es dar valor al cliente? Una respuesta simple sería: generar valor para el cliente significa lograr que perciba que lo que está recibiendo es más valioso que todos los costos inherentes en los que incurrió.

Para generar valor al cliente es importante que se diseñe la estrategia a lo largo de toda la empresa y frente al mercado. Cada una de las personas que integran la empresa deben de generar valor al cliente. Sólo los mercadólogos “emisarios del pasado”, siguen insistiendo en generar valor centrados en las características físicas del producto.

Cada una de las personas que integran la empresa deben de generar valor al cliente.

Para generar valor al cliente, lo primero que se debe hacer es identificar y evaluar la importancia cuantitativa de los atributos y beneficios que valoran los clientes. Pensando que dicho valor será una ventaja competitiva, se deberá de evaluar el desempeño de la empresa y de sus competidores en cada atributo mencionado por el cliente, y en función de la importancia concedida

Finalmente, se deberá examinar cómo califican los clientes de un segmento específico el desempeño de la empresa y supervisar la evolución del valor percibido.

El valor percibido por el cliente se puede presentar de forma sintetizada a través de la siguiente imagen, cuya versión original pertenece al Dr. Philip Kotler.